viernes, 11 de abril de 2014

Cineterapia oncológica: Innocence (Nunca me olvides), Australia y Bélgica, 2000, Paul Cox





"Innocence" es una película australiana dirigida por Paul Cox  en el que se narra una historia de amor medio siglo después de haber vivido juntos su primer amor y donde la pareja vuelve a reencontrarse. Tras tantísimo tiempo transcurrido y a pesar de todas las vueltas que sus vidas ha dado el afecto entre ambos no ha desaparecido. Él lleva treinta años viudo, ella está casada. Sin embargo, su matrimonio está falto de pasión, una pasión que ahora renace con este encuentro con quien fue el primer amor de su vida. Así, inician o retoman, tras toda una vida separados, una intensa relación que los llevará a difrutar, ahora en su ultima etapa de la madurez, de una nueva época de renacimiento y de emoción. Él padece un cáncer terminal no especificado. El cáncer se cuela como un hecho puntual argumental en la película. El protagonista decide libremente no recibir tratamento activo alguno y disfrutar de sus últimos días. 

Con el paso del tiempo la inocencia del primer amor se puede perder, pero para algunos es imposible de olvidar. Andreas Borg, (interpretado por Charles "Bud" Tingwell) es un organista y profesor de música jubilado descubre que su primer verdadero amor, Claire (Julia Blake), vive en la misma ciudad que él. Cincuenta años después de compartir una apasionada historia de amor en la Bélgica de la posguerra, Andreas decide escribirle una carta. Vacilante, Claire acepta su petición de volverse a encontrar y pronto se hará evidente que el amor que existió entre ambos no se ha marchitado. Parece que nada haya cambiado cuando inevitablemente lo ha hecho. Sabiendo que el tiempo es precioso, ambos se embarcan en una aventura descabellada, intensa y tempestuosa como la que tuvieron en su juventud. "Innocence" tiernamente nos muestra cómo cada etapa de la vida tiene su propio tipo de amor. Para Andreas y Claire, su pasión reavivada les permite vivir más plenamente el presente. Y nos recuerda : "El amor se hace más real cuanto más cerca está la hora de la muerte."

Claire vive con su marido John (Terry Norris) en Adelaide, Australia. Ellos llevan casados 45 años, pero la intimidad ha salido de su relación y el tedio está instalado. Es por eso que ella se emociona al recibir una carta de Andreas, su primer amor de hace más de 50 años. Tuvieron una relación apasionada en Bélgica, donde él era un estudiante de música y ella era la hija de un diplomático australiano.

Cuando se reencuentran, el amor que compartieron hace tanto tiempo sigue ahí, intacto por el tiempo, el matrimonio, la familia y nietos. "Usted tiene una cepa sentimental dulce", Le dice Claire a Andreas, cuya esposa murió hace 30 años. En una escena muy emotiva, se ve a él obligado a estar de pie junto a la tumba de su esposa, pues el cuerpo de su difunta esposa va a ser exhumado del cementerio ya que está previsto ser reemplazado por un complejo inmobiliario.

La conexión íntima entre Claire y Andreas sigue siendo fuerte y encuentran consuelo uno en los brazos del otro. Mientras, el marido de Claire se sorprende cuando ella le habla de su relación con Andreas. Después de años de dar por sentada su relación de por vida con su esposa y centrar toda su atención en sus propias necesidades, John se mueve entre las conflictivas emociones de ira, celos y remordimiento.

Claire y Andreas cosechan sus recuerdos del pasado, comparen historias y hablan de la vida, el amor y la muerte. Cuando él se encuentra hospitalizado en una batalla contra el cáncer avanzado, ella está allí para consolarlo. Monique, la hija de Andrea (Marta Dusseldorp) acepta a la amante de su padre con felicidad.

Cuenta Paul Cox que la idea surgió al ver a sus padres caminando de la mano. Habían llevado una vida dura, como muchas parejas que se sostienen durante años y ahora se marchaban juntos en paz. La película fue elogiada por la crítica y fue una de las películas más exitosas de Paul Cox. El séptimo arte nos demuestra que el amor en la "tercera edad" puede ser francamente adorable, al igual que lo hiciera en otras películas como "En el estanque dorado" o "Solas". Es una verdadera reflexión sobre el envejecimiento consciente con grandes reservas de sensibilidad, sabiduría y creatividad. "El amor se convierte en un sendero del despertar, ese despertar del sueño de viejos patrones inconscientes, con la frescura e inmediatez de vivir más plenamente en el presente, de acuerdo con lo que realmente somos. La gran cosa acerca de envejecer es que no se pierde el resto de las edades que has estado", recuerda la escritora Madeleine L'Engle sabiamente. Saborear la acumulación de experiencias, aventuras y recuerdos es uno de los placeres de las últimas etapas de la vida. Tenemos el placer de recordar lo que una vez fue y sigue siendo una parte de nosotros: nuestro yo más joven en toda su variedad.

Cox nos recuerda con esta hermosa película que "El cine es un regalo que te llevas a casa. Sé que Innocence es incapaz de ofender o de herir a nadie. Sólo puede enriquecer la vida. Esta película es un santuario. Esperemos que devuelva un poco de humanidad al cine". Una espléndida película para disfrutar.